Si Griezmann no la toca

El Atlético de Madrid desarrolló a principios de temporada una idea basada en el fútbol ofensivo desde la asociación que convirtió a los rojiblancos en uno de los equipos más disfrutables de Europa para el espectador medio. Sin embargo, los resultados no estuvieron a la altura de la expectativa generada por su juego, y Simeone decidió dar un volantazo quizá alertada por el escepticismo de hombres tan importantes como el capitán Gabi Fernández. Pareció sorprendente porque daba la sensación de que los pinchazos habían sido mero fruto del azar, de que el balance de ocasiones a favor y en contra sonreía demasiado al Atleti como para que la suerte no girase y comenzasen a caer las victorias, pero incluso así, el Cholo renunció. Anoche, contra el Villarreal CF, se pudo comprender mejor por qué.
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Aquella identidad combinativa se construía sobre dos pilares individuales que fueron el santo y la seña: Koke como segundo pivote, aportando un extra de salida, creatividad y control en la sala de máquinas, y un Griezmann dotado de libertad absoluta que visitaba cualquier zona del campo para ofrecer líneas de pase y mejorar la circulación del balón. Todo en beneficio de la fluidez. El problema residía en que, cuando la superestrella francesa queda demasiado enfocada a generar juego, sus primeras intervenciones se localizan muy, muy lejos del área de finalización, haciendo que el mayor volumen de ventajas ofensivas originadas tengan a otros de sus compañeros como cobradores del frac que van a que les paguen la factura del gol. Dicha circunstancia implica que el Atlético crea menos ocasiones de las que su fútbol sugiera, que estas son menos claras y que se resuelven con muchísima menos precisión. La irregularidad de Gameiro -llamado a ser un delantero de más de 20 goles- capó la idea y Simeone supo verlo relativamente a tiempo.

Contra los de Escribá, Koke volvió a asumir el peso de los primeros pases, Filipe Luis creció para dominar a su lado y el Atlético logró establecer la posesión en campo contrario para que Griezmann, con la hiperactividad propia de un demonio juvenil, revolucionara las jugadas con apoyos, desmarques, descargas, cambios de ritmo y resto de acciones de su maravilloso repertorio; consiguiendo girar el durísimo sistema defensivo del Submarino. Hasta 23 disparos sumaron los colchoneros, pero sólo un 17% de ellos en botas de su gran killer. Y así, la portería de Andrés Fernández nunca fue batida.
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Eso depende del contexto (en este caso, su equipo). Si su juego permite a otros marcar goles (y diferencias) puede que su versión asociativa sea la más productiva. Pero si su equipo adolece de claridad ante el gol, su aporte en ese sentido sería más trascendente. 

Al final pasa con todos los jugadores: aunque uno sea un “Top player”, el contexto de tus compañeros marcarán la productividad de tu desempeño.

Solo Messi es capaz de crear el juego y asegurar casi 50 goles al año. 
Si Griezmann hiciera eso dejaría de ser mortal, como Messi. 

Carlos Soler

Carlos Soler asomó la cabeza como una buena noticia cuando peor estaba el Valencia. Un doble impacto positivo en mitad de la pendiente merced a un joven canterano que emocionalmente parecía ajeno a la tensión y al desánimo que agarrotaba laspiernas del resto, y que a nivel futbolístico rápidamente se convirtió en un elocuente apoyo para quienes tuviera a su alrededor. Horneado en Paterna en una posición de mediocentro que con el primer equipo ha frecuentado poco, su espacio inicial se localizó unos metros por delante del pivote y estrechamente relacionado con Dani Parejo, el hombre llamado a mover los hilos del ya entonces equipo de Voro.
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Como interior y asomado a la mediapunta, Soler evidenció en aquellos primeros partidos tener capacidad tanto para moverse cerca de la base dando salida al juego -no en vano, esta había sido su zona y este su encargo hasta coger el ascensor-, como para saber activarse entre líneas despejando opciones de pase que ofrecer a los compañeros que formasen tras él. Una versatilidad en el rol, que a la par del también penduleo de Parejo entre el círculo central y la mediapunta, convirtió al canterano en un elemento clave en la medular che a la hora de diseñar los triángulos que dieran estabilidad al juego con balón valencianista. Todo ello, además, aderezado con un ritmo en el movimiento y un equilibrio en la posición que le permitían mucha presencia sin redundar, haciendo de él una pieza vital para mantener junto al equipo, para hacer que junto avanzase y para hacer que junto permaneciera arriba.

Las últimas semanas, sin embargo, han deparado un Carlos Soler distinto al que su técnico le ha reservado un nuevo emplazamiento. Con Orellana momentáneamente establecido en el enganche, y la voluntad de sumar a su centro del campo un centrocampista extra, Voro ha optado recientemente por usar al canterano partiendo desde una posición más escorada, con tal de que Soler siga siendo un apoyo en la circulación y a la hora de crecer desde la gestión del cuero, pero situado más cerca de la cal. La medida, que ha permitido al técnico dar forma a un mediocampo poblado y apto para crecer desde la administración del cuero, sin embargo, ha traído como resultado la matizada influencia de Soler en la construcción de esas rutas que permitieran al juego de ataque che ganar metros y, una vez conquistados, no perderlos. Sujetado su apoyo permanente más cerca del costado su participación directa e indirecta alrededor de Parejo o del propio Orellana es más reducida.
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Como consecuencia, ahora la importancia de los delanteros valencianistas en este encargo de lograr y fijar la altura de la jugada se ha multiplicado,  como las piezas que tanto en el apoyo como aguantando el balón arriba permitan al resto juntarse en campo rival. El pasado fin de semana, sin Simone Zaza ni Nani, a los de Voro les faltó esta figura, lo cual redujo considerablemente el efecto que probablemente pretendía un mediocampo plagado de futbolistas capaces de dar forma a un ataque fluido que se asomara al balcón del área. Soler, en banda, no pudo serlo. Para que la opción del canterano abierto al exterior pueda dar el rédito necesario, además del contrapunto profundo que Joao Cancelo o Montoya puedan darle, Voro tendrá que solucionar esta cuestión. Quizá fuera de la línea de medios, pero deberá encontrar otro Carlos Soler. El propio Soler, ahora en banda, lo necesita.

Ahora y Despues

Mucho se ha escrito ya de las interesantes opciones de futuro que Iker Muniain (1992), Aymeric Laporte (1994), Iñaki Williams (1994) o Yeray Álvarez (1995) le otorgan al proyecto del Athletic Club. Pero a día de hoy ya podemos afirmar que esta lista está incompleta, que es todavía mayor, porque el portero al que el Athletic y la Selección llevan esperando ya varios años, Kepa Arrizabalaga, ha llegado.
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Desde que sobresaliera en edad juvenil tanto en Lezama como en la España Sub-19 que fue campeona de la Eurocopa 2012, aquella en la que destacaron Jesé, Deulofeu y Alcácer, se entendió que en la figura de Kepa (1994) había uno de esos proyectos de guardameta que no deberían torcerse. Al igual que antes con David de Gea o inmediatamente después con Rubén Blanco, el portero de Ondárroa daba la sensación de contar con los tres argumentos sobre los que todo futbolista edifica su gran carrera: físico, talento y personalidad.

A Kepa le quedaba el último paso, ese que en los porteros suele ser más delicado que en otras posiciones, pues normalmente viene precedido de una lesión y acompañado de mucha responsabilidad, pero el Athletic Club ha sabido gestionarlo con la normalidad y la puntualidad que le caracteriza. Ascenso al Bilbao Athletic para suplir a Serantes, paso por la Ponferradina, por el Real Valladolid y, por último, confirmación en un primer equipo en el que muy pronto se dividiría la titularidad con el portero del último lustro, Gorka Iraizoz.

Y su presentación ha sido formidable. Con enormes actuaciones ante Celta, Deportivo o Real Sociedad, Kepa ha ido demostrando su velocidad de movimientos (con los pies y con las manos), su talento bajo palos (reflejos, intuición y técnica) y, claro, su capacidad para ir de palo a palo hasta lograr defender cada ángulo, que fue lo que más le hizo brillar con España Sub-19. Y con el resto de partidos, con el día a día, lo que ha ido es confirmando que el reto de la portería del Athletic, un reto complicado y delicado, no se le queda grande. No le hace dudar ni le intimida. Le va bien. A medida.
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Con la de ayer ya son siete porterías a cero las que acumula Kepa en únicamente 18 partidos (16 goles encajados), una cifra bastante superior a la de un veterano Gorka que apenas ha podido quedar imbatido tres veces en 16 partidos (21 goles encajados). Con Iraizoz quizás no siempre se ha sido justo. Es cierto que no iba sobrado de nada e iba justito de muchas cosas, pero la final, echando la vista atrás, se puede decir que en general ha cumplido. Que ha resistido. Lo que sucede es que Kepa Arrizabalaga no está sólo para eso. Está para más. Desde ya. Y lo mejor es esa sensación de que aún va a ser mucho mejor. Que, pese a todo, Kepa es una de esas jóvenes promesas que rompen teniendo un gran margen de mejora.
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Hay que asumir el Error

Siempre que uno de sus porteros cometía un error decisivo en la salida de balón, Quique Setién decía lo mismo: “la culpa no es suya, es mía, porque soy yo quien les pide que arriesguen tratando de sacar el balón jugado“. La decisión del cántabro no respondía a un simple planteamiento romántico del juego. No era, evidentemente, tampoco ningún capricho. Setién quería sacar siempre el balón bien jugado porque ésta era la manera que tenía la UD Las Palmas de imponer su voluntad a la del equipo contrario. ¿Que esto conllevaba asumir ciertos riesgos? Por supuesto. Como todo modelo de juego.
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Aquella UD Las Palmas, como este Betis ya va haciendo, obtenía múltiples ventajas de sacar el balón jugado desde el portero. Amén de obtener así el control del balón, del ritmo y del espacio, el equipo canario comenzaba de esta manera a crear los triángulos sobre los que luego Roque Mesa iba sosteniendo la posesión. Es decir, se ordenaba desde los primeros pases. Si además el rival buscaba robar en primera línea, la opción de castigar el atrevimiento siempre estaba a su disposición. Había que asumir que en cualquier se momento se podía fallar. Algo que no todos los colectivos están preparados emocionalmente para hacer. Pero si se asumía el error, éste no sería más que un accidente que, además, tenía un sentido.

Un sentido mayor, que es precisamente el que le está intentando dar Juan Carlos Unzué a su Celta de Vigo. Es curioso este caso. Tan vitoreado fue uno de sus goles en pretemporada, cuando sacó el balón jugado ante presión de una forma fantástico, como criticado fue el hecho de que en la primera jornada de Liga el equipo recibiera un gol por un fallo de Sergio, su portero, cuando éste ni siquiera estaba presionado. “El portero nunca debe complicarse”, se dijo.
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Obviamente a no todos los equipos les renta jugar de esta manera. Las características técnicas de sus futbolistas, incluyendo aquí a los porteros, son parte clave de cualquier modelo de juego. Setién, de hecho, eligió la UD para dar el salto porque éste parecía un equipo adecuado que le iba a permitir llevar a cabo sus ideas. Y, aunque lo era, su equipo cometió errores. Pero lo que le importaba a Quique, como a Unzúe, no era ganar ciertas batallas, sino ganar la guerra.

Lo interesante es que, a su vez, de esta intención también surgen oportunidades para otros equipos. El CD Leganés de Asier Garitano es el vivo ejemplo de cómo construir un equipo a la medida de varias de las debilidades intrínsecas de la competición puede ser rentable. Aprovechando que la Liga no tiene 9s tan determinantes como la Premier y que, a cambio, muchos equipos asumen ciertos riesgos en salida, el Lega adelantó su defensa para construir un bloque medio-alto que tratase de sacar partido de cada error que cometiese el rival. Así se salvó el año pasado y así se ha ido ya al parón ocupando una posición de honor. Porque el fútbol siempre tiene dos caras, pero no por ello una de éstas es equivocada.

Guedes en la mente de Marcelino

Marcelino García Toral es un entrenador estricto desde el punto de vista metódico que impregna a sus equipos de un orden y una seguridad que van desde el dibujo táctico hasta las ideas que representa su libro de estilo. En Villarreal fue muy significativo su trabajo desde la defensa posicional, convertida, durante fases del campeonato en la mejor del mismo en su última temporada en el antiguo El Madrigal. Para acompañar a sus fases sin balón, el asturiano necesita de determinadas virtudes, atesoradas por sus futbolistas, que le ayudan a intimidar y a construir ataques de poca elaboración y cierto vértigo. Expuesta esta circunstancia del juego, donde quizás más destaque su último fichaje, Gonçalo Guedes, puede decirse que al Valencia le faltaba precisamente alguien así.
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En lo que concierne precisamente a eso, Marcelino cuenta con Simone Zaza como principal referencia para el juego más directo. EL italiano la gana o la toca en muchas ocasiones y desde ahí puede activar las bandas en caso de que su equipo sea presionado o juegue en largo ante la ausencia de los mediocampistas más creativos. Pero junto a él, Marcelino echaba en falta un perfil que arranque y aporte profundidad cuando el balón sale en raso de la presión. Gonçalo Guedes, si bien ha estado una temporada fuera del foco en el Paris Saint-Germain, parece encajar extraordinariamente con las jugadas que uno imagina en mente para desbordar y profundizar con la movilidad que requiere un segundo punta.
Se introduce así un posible escenario teórico porque lo más potente que se le ha visto al prometedor jugador portugués, fue así, jugando por dentro y siendo punta. Es cierto que desembarcó en el Benfica como un hombre de banda, la opuesta a la de Nicolás Gaitán, pero fue con Rui Vitoria cuando el chico descubrió que con un poco más de libertad, partiendo desde el centro para activar los costados, se encuentra muy a gusto y brilla muchísimo más. Y es ahí donde se construye la ecuación Valencia – Marcelino – Guedes que puede darle a Mestalla un plus con el que nadie contaba. Un plus sin demasiado ruido que, a nivel táctico y de talento, puede tener un impacto muy importante en la temporada valencianista.
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Guedes es un jugador que crea ventajas una vez recibe. Esto es importantísimo porque el Valencia no va sobrado de ello. Su arrancada y su agilidad para cambiar de ritmo en tres cuartos complementa las bandas algo estáticas y posicionales del sistema de Marcelino. Comparte con Rodrigo la ruptura a espaldas de la zaga, también diagonales, que desahogan lo que Soler o Kondogbia suman por dentro para dominar. Donde seguramente no suponga una garantía será en materia goleadora pero repasando lo que dispone Marcelino de mediocampo hacia delante y lo que ya sabemos de sus equipos, Guedes casa realmente bien. A poco que logre adaptarse, y si lo hace más temprano que tarde, el movimiento che es de los más que interesantes.
Si se adapta pronto, Guedes puede ser una revelación.

Puntos desde el Banco

Si había pasado ya la segunda hora de programa y entraba la voz del narrador de Anoeta, la emoción que dirigía el vibrante carrusel radiofónico de los domingos perdía una pizca de intensidad. A fin de cuentas, todos los oyentes ya sabíamos qué había pasado: Óscar de Paula había marcado otra vez un gol saliendo desde el banquillo.

Al delantero de la Real Sociedad “Los Planetas” nunca le dedicaron una canción, quizás porque los suyos prácticamente nunca eran goles increíbles, pero su figura sí quedó en el imaginario del fútbol español como la de un punta que se quedaba corto para jugar como titular pero que como suplente siempre sumaba. Algo que, claro, casaba perfectamente con la presencia de Darko Kovacevic.
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Quince años después, Anoeta ha recuperado esta figura tan particular con la llegada de Juanmi Jiménez al equipo de Eusebio Sacristán. El malagueño, tras un olvidable paso por la Premier, ya demostró la temporada pasada que es un delantero de colmillo afilado. Un jugador que tiene olfato para relacionar todo lo que le ocurre alrededor suya con la posibilidad de marcar gol. Sabe moverse, tiene intuición en el área, calidad en espacios reducidos, define muy bien… Pero, al menos a día de hoy, da la sensación de que le faltan cosas para partir como titular. Su físico liviano y el hecho de que en el fútbol moderno muy pocos equipos jueguen con dos puntas, perdiéndose así el espacio para el segundo punta, le han relegado a una posición de la que quiere salir y del que la Real querría que nunca saliera. Porque on Willian José como ariete clave dentro del sistema, a Juanmi le han quedado dos opciones: la banda o la suplencia. Y en las dos está rindiendo de maravilla. A sus 11 goles del curso pasado (uno cada 166 minutos), ya hay que sumarle los dos que lleva esta temporada en apenas 90 minutos -el último de ellos dibujando una obra propia de Romario-.
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Unos datos que muestran cómo Juanmi es, sin duda, un argumento que acerca a la Real a sus objetivos europeos a pesar de no partir de inicio. Dejando a un lado el banquillo del Real Madrid, que aunque ya ha notado la ausencia de Morata sigue siendo cuestión aparte, son varios los conjuntos que cuentan con ciertos futbolistas propicios para cambiar el signo del partido entrando desde el banquillo. Además de Juanmi en la Real, están los casos de Ángel Correaen el Atlético y de Pablo Sarabia o Ben Yedder en el Sevilla. Un rol al que también se puede sumar Gerard Deulofeu tras el fichaje de Dembélé o Javier Ontiveros en Málaga. Todos ellos futbolistas con veneno, calidad y que, además, en estos momentos de su carrera parecen funcionar mejor entrando desde el banquillo, con el partido más desorganizado, que como titulares. Todos ellos una bendición, pero también un quebradero de cabeza, para sus entrenadores.
juanmi Jiménez: “Me encuentro muy bien, bastante cómodo. El año pasado igual no tuve los minutos que esperaba, o no fui tantas veces titular como hubiese deseado, pero en cada entrenamiento intento demostrar que puedo estar en el once y quiero aportar el mayor número de goles.

Zidane y Setien

Parece evidente que en el Real Madrid ha habido un punto de inflexión. Su fútbol no resulta mucho más fluido y, desde luego, tampoco más consistente, pero en las últimas fechas está sumando buenas noticias que están dando otro brío a sus esfuerzos. En enorme medida, esa inercia positiva se debe a la reactivación parcial de Cristiano Ronaldo, que ha recuperado la chispa dentro de sus posibilidades actuales, ha devuelto a los blancos una capacidad goleadora superior a la media y está haciendo que no les cuesta tantísimo trabajo hacer cualquier cosa. Pero hay más. Por ejemplo, que Zidane, tras un curso muy espeso, está encadenando diferentes decisiones técnicas y tácticas que están ayudando a sus jugadores.
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Anoche, frente al dotado Real Betis de Quique Setién, optó por el 4-2-4 que tanto rédito le dio ante otros rivales propositivos como la Real Sociedad o el Sevilla FC. Con la (sustancial) salvedad de que el doble pivote, en vez de estar compuesto por Kroos y Modric, se encontraba habitado por Casemiro y Kovacic. Y más allá de que con dicha sala de máquinas resulte difícil controlar el juego debido a la falta de finura y, sobre todo, claridad en el pase, la complicación se sobrevino porque, en defensa, el 4-4-2 que se forma retrasando a sus extremos, Lucas Vázquez y Marco Asensio, iba a naufragar ante Guardado, Fabián Ruíz, Boudebouz y un Joaquín monumental.
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El 4-4-2 que Zidane plantea sin balón es un sistema preparado, a menudo, para ser la antesala de un contragolpe. La idea es achicar espacios estrechando las distancias entre líneas para dificultar la circulación del rival, forzar errores en sus pases y lanzar transiciones relámpago. Pero eso contra este Betis no funciona. Los de Setién poseen un nivel asociativo altísimo y hacen gala de un reparto de espacios en ataque que crea líneas de pase por doquier a la espalda de las presiones. De esta guisa, con el poseedor del balón libre, los cuatro centrocampistas verdiblancos lograban conectar con quien estuviera esperando en la espalda de Casemiro y Kovacic y dominar el partido desde ahí. La exhibición de Fabián y Joaquín fue de órdago.
Pero todo dio la vuelta al descanso. Visualmente, pudo parecer que se trató de una cuestión de actitud, mas la revolución residió en un aspecto 100% táctico: el 4-4-2 que pretendía saturar los espacios se disolvió en beneficio de una presión hombre a hombre desde el primer escalón del sistema bético que hizo muchísimo daño a los de Setién. El Betis va sobrado de calidad táctica (su orden es muy bueno de cara a progresar con el balón controlado) y de precisión en el pase, pero el primer control es algo en lo que sufre mucho en la fase inicial de sus jugadas. Desde el instante en el que el Madrid decidió exigirle en eso en lo que es débil en lugar de en lo otro, donde destaca como pocos conjuntos en La Liga, el choque pasó a disputarse en la mitad que desembocaba en Adán y en su portería, y Marco Asensio y Cristiano Ronaldo pudieron exhibir que cruzan por un momento prometedor de cara a los retos que se les acercan.

FC Girondins Bordeaux 2017-18 PUMA Third Kit

Es el turno de Girondins Bordeaux para presentar su camiseta de la línea ‘Step Out’ de PUMA, que incluye a los 23 clubes top de la marca alemana a nivel global. Para este club francés la camiseta, además de ser oscura por lo establecido para lo colección, también se inspira en el Surf y la indumentaria de quienes practican este deporte.
La camiseta presenta base negra, agregando un diseño colorido en las mangas y axilas, además de pintar el escudo y logos de PUMA de color rosa intenso. Un gráfico de ola aparece en lo alto de la espalda, reforzando la inspiración de la camiseta.Encuentra zapatillas y botas de fútbol baratas:Magista, Mercurial superfly, Tiempo. El logo de Winamax aparece a todo color al frente, arruinando un poco la casaca. El uniforme se completa con shorts y medias negras que siguen el diseño de la camiseta.

Mercurial Vapor VIII de Nike: “White Blue”.

Pocas marcas alcanzan a tener la fama que ha tenido Nike vistiendo a los mejores jugadores del fútbol. Y muchas menos logran tener ediciones tan memorables y simbólicas de este deporte como lo es la serie Mercurial de la misma compañía.

Y es que, aún con menos años que Adidas en este deporte, Nike se ha transformado rápidamente en una de los logos predominantes en los partidos más importantes y en las prendas de los jugadores más importantes (sí, en los equipos más importantes).
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El principal exponente de esto sería el Real Madrid, donde ya Cristiano Ronaldo hace amplio uso de sus camisetas y botas, incluso expresando su amor por la serie Mercurial en específico.

Tanto en el campo profesional como en las canchas de los vecindarios, las botas Mercurial de Nike visten los pies de niños y estrellas por igual. Sea porque los profesionales los usen para potenciar sus capacidades y jugar al máximo siempre o aquellos pequeños que buscan emular a sus ídolos, o simplemente presumir sus zapatillas lujosas y modernas, estas botas se han hecho símbolos del fútbol.

Y en este artículo hablaremos precisamente de ellas, específicamente las Vapor VIII o “White Blue”, una entrega ciertamente impresionante lanzada en 2012.

Primero, comenzaremos con su forma y distribución.

En cuanto a morfología, no busca revolucionar lo que no necesita mejora alguna. Presenta el clásico diseño delgado y alargado de las Mercurial que permiten una mejor maniobrabilidad con el balón sin sacrificar la velocidad, gracias a su puntera aerodinámica. Las suelas y los tacos, algo elevados, proporcionan la tracción y balance perfecto en terrenos de hierba corta a mediana, para que no pierdas el control por irregularidades en donde juegues.

Sin embargo, donde estas botas verdaderamente brillan es en el diseño estético, donde hay una armonía perfecta entre el minimalismo o simplismo y la tendencia a lo futurista, que se mezclan sin ningún problema. Donde el nombre “White Blue” describe perfectamente lo que recibiremos, como ya es costumbre de Nike.

El tenis se encuentra permeado en un color blanco puro y pulcro, que le recubre completamente, pero que gracias a los toques azules se puede ver un poco metalizado.

Lo impecable del blanco de los zapatos se ve contrastado por el mencionado azul que, sutílmente, viste de detalles y adornos a estas botas. Estos detalles más sobresalientes son tres:

  1. El logo de Nike, en grande, que comienza en la punta del zapato hasta extenderse por las agujetas del lado externo.
  2. El logo de Nike, más pequeño, que se encuentra en la lengüeta del tenis
  3. Otro logo, casi del mismo tamaño del primero, que se encuentra en el costado interno de la bota.

Otras partes adornadas de azul son los tacos que, envueltos con material transparente, se ven sumamente modernos; y la entrada del zapato, cuyo borde es azul también, luciendo bastante elegante.

Por último, un detalle no muy común en estas series de botas, en el talón tendremos cuatro cortas franjas de colores naranja, azul, rojo y verde, con el nombre “MERCURIAL” debajo de ellas.