Hay que asumir el Error

Siempre que uno de sus porteros cometía un error decisivo en la salida de balón, Quique Setién decía lo mismo: “la culpa no es suya, es mía, porque soy yo quien les pide que arriesguen tratando de sacar el balón jugado“. La decisión del cántabro no respondía a un simple planteamiento romántico del juego. No era, evidentemente, tampoco ningún capricho. Setién quería sacar siempre el balón bien jugado porque ésta era la manera que tenía la UD Las Palmas de imponer su voluntad a la del equipo contrario. ¿Que esto conllevaba asumir ciertos riesgos? Por supuesto. Como todo modelo de juego.
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Aquella UD Las Palmas, como este Betis ya va haciendo, obtenía múltiples ventajas de sacar el balón jugado desde el portero. Amén de obtener así el control del balón, del ritmo y del espacio, el equipo canario comenzaba de esta manera a crear los triángulos sobre los que luego Roque Mesa iba sosteniendo la posesión. Es decir, se ordenaba desde los primeros pases. Si además el rival buscaba robar en primera línea, la opción de castigar el atrevimiento siempre estaba a su disposición. Había que asumir que en cualquier se momento se podía fallar. Algo que no todos los colectivos están preparados emocionalmente para hacer. Pero si se asumía el error, éste no sería más que un accidente que, además, tenía un sentido.

Un sentido mayor, que es precisamente el que le está intentando dar Juan Carlos Unzué a su Celta de Vigo. Es curioso este caso. Tan vitoreado fue uno de sus goles en pretemporada, cuando sacó el balón jugado ante presión de una forma fantástico, como criticado fue el hecho de que en la primera jornada de Liga el equipo recibiera un gol por un fallo de Sergio, su portero, cuando éste ni siquiera estaba presionado. “El portero nunca debe complicarse”, se dijo.
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Obviamente a no todos los equipos les renta jugar de esta manera. Las características técnicas de sus futbolistas, incluyendo aquí a los porteros, son parte clave de cualquier modelo de juego. Setién, de hecho, eligió la UD para dar el salto porque éste parecía un equipo adecuado que le iba a permitir llevar a cabo sus ideas. Y, aunque lo era, su equipo cometió errores. Pero lo que le importaba a Quique, como a Unzúe, no era ganar ciertas batallas, sino ganar la guerra.

Lo interesante es que, a su vez, de esta intención también surgen oportunidades para otros equipos. El CD Leganés de Asier Garitano es el vivo ejemplo de cómo construir un equipo a la medida de varias de las debilidades intrínsecas de la competición puede ser rentable. Aprovechando que la Liga no tiene 9s tan determinantes como la Premier y que, a cambio, muchos equipos asumen ciertos riesgos en salida, el Lega adelantó su defensa para construir un bloque medio-alto que tratase de sacar partido de cada error que cometiese el rival. Así se salvó el año pasado y así se ha ido ya al parón ocupando una posición de honor. Porque el fútbol siempre tiene dos caras, pero no por ello una de éstas es equivocada.