Segundos colores

Veo al Real Madrid jugando de color morado y pienso que todo está en su sitio. Parmalat os manda recuerdos a todos. Como cuando vas a visitar a tu abuela y te reencuentras con tu pequeño espacio de confort, ese tapete sobre la mesa o esa cajita en la que tú sabes que ella guarda caramelos y no el rosario de pastillas que debe tomarse cada noche ejercen de túnel del tiempo hacia la feliz infancia. Todo sigue ahí. Inmutable. Intacto. Soy un nostálgico empedernido, qué se le va a hacer. Como cuando la desequilibrada mente pensante que diseña las vestimentas del FC Barcelona tiene a bien, en un ataque de lúcida responsabilidad social, restaurar el color naranja en la segunda equipación para congraciarte con tus más bonitos recuerdos. Que observas a Piqué dando órdenes vestido de anaranjado y es que estás viendo a Koeman poniéndola en la escuadra de Pagliuca. O ese color rojo en el Sevilla, descolgado desde lo alto del Arco de la Macarena hasta dejarlo caer con pasional elegancia sobre el uniforme sevillista. O el azul en el Athletic, tan bilbaíno que en Bilbao decidimos renombrar a la referencia Pantone Q020-6-4 como ‘azul Bilbao’, ahí va la hostia. Camisetas de Fútbol de las Selecciones del Mundial 2018.
Las cosas que funcionan y lo comúnmente aceptado es mejor no tocarlo demasiado.
A veces me imagino al diseñador textil de turno desesperado por hallar la fórmula mágica del éxito entre la afición. Desgañitándose, en el sentido cromático del término, a base de vestir a sus equipos con llamativos colores flúor. Esa horrible moda de vestir a los futbolistas de garrafas de anticongelante, que es como gritarle a alguien a la cara lo listo y lo bueno que eres. Como queriendo llamar la atención del populacho a base de dejar su sellito personal en un trozo de tela que debería ser eterno y sagrado y permanecer ajeno a las modas por siempre jamás.
Alguien tuvo que ser el responsable de tomar la infame decisión de equipar al Inter en tonos verdes. O de vestir a sus vecinos rossoneri de análisis de orina. Como si a los diseñadores se les hubiesen agotado las ideas y hubieran tenido que reinventar lo hasta ahora conocido. Y no hablamos ya de diseños. De una raya por aquí o de un ribete por allá. Hablamos de algo tan significativo e identificativo como los colores. Porque buceen un poco en su historia y traten de encontrar alguna relación entre el color morado y el Liverpool o entre el Ajax y el verde pistacho, entre otras atrocidades.Camisetas de fútbol de selecciones nacionales del Mundial 2018, no te pierdas!
Soy muy tradicionalista. Me gusta ver al Madrid de morado, al Valencia de naranja, al Milan de blanco o al Chelsea de amarillo. Que la dictadura del merchandising, combustible necesario para resistir el empuje de la fortísima corriente del caudaloso fútbol de más alto nivel, no superponga el margen de beneficio a la identidad y el valor de la tradición. Que con un simple vistazo puedas identificar a los equipos que juegan y no tengas que deducir por el trotecito torpón de Yaya Touré que el que viste una infame camiseta de color naranja degradado es el Manchester City. Soy consciente de que predico en el desierto, pero me van ustedes a perdonar el ataque súbito de nostalgia.
Classic Football Shirts.