Edin Dzeko

En base a ello, Di Francesco deberá deshojar la margarita: “No podemos limitarnos a defender bien si después atacamos mal, porque para lograr un 3-0 hacen falta las dos cosas”, sentenció ayer ante los medios. Y las palabras del técnico de la Roma, más que una simple declaración de intenciones, parece, en cambio, que le llevarán a cambiar de plan con respecto al pasado martes. A fin de cuentas, la letra –como aquel dice-, con sangre es como mejor entra. Y si a la Roma le faltaron muchas –muchísimas- cosas para competir cerca, al menos, de los ojos de Jurgen Klopp, una de esas carencias, sobre todo de cara a este duelo en el Olímpico, señala lo aislado que se encontró su delantero a pesar de su gran rendimiento. Solo los tres goles de Salah pudieron eclipsar una actuación que, de haberse producido con otro marcador, bien podría considerarse como una de las más completas de cuantas ha vivido la presente edición.
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El bosnio obró para todo, pero también por todos los de su equipo; ya que, hasta la entrada de Perotti en la recta final, no tuvo con quién compartir su gran secreto: sabe cómo dañar a este Liverpool. El de Sarajevo se ofreció constantemente por delante de la línea del balón. Y lo hizo, como aquella noche ante Piqué y Umtiti, haciendo valer su particular constitución física. Se movió por todo el ancho, tendiendo siempre una recurrente solución a Strootman, De Rossi o Kolarov, pero le faltaron piernas con las que amenazar, tras recibir y darse la vuelta, la parcela más frágil de este Liverpool. Nainggolan, por su parte, llegó siempre mal y tarde, y Ünder, muy abierto por el lado derecho en todo momento, ni siquiera alcanzó a completar un solo regate. De hecho, fue sustituido al tiempo de descanso con nada más que cuatro pases completados.
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Dicho de otra forma y salvando las distancias, a Dzeko, en Anfield, le faltó su Firmino. Ese cómplice que, con el bosnio haciendo de brasileño, hubiese aprovechado todo lo que el delantero, a partir de sus movimientos, ganó por sí solo. De esta forma, ante la baja de Perotti para el encuentro de vuelta, es lógico pensar que Di Francesco pueda echar mano de un atacante más dinámico, más eléctrico en cuanto a sus movimientos, como El Shaarawy. Así las cosas, con el ítalo-egipcio rompiendo hacia dentro, Kolarov subiendo por el carril izquierdo y con Schick, a todo esto, estirando por el otro lado para después cargar el área junto a Dzeko y Nainggolan, la lógica invita a pensar que la Roma, arriba, cuenta con bastantes argumentos para añadirle algo de picante al asunto. Ahora bien, como ya sucediese en Liverpool, la clave de estas embestidas que, presumiblemente, intentará el cuadro romanista estará en su actitud tras pérdida. Ya que, como ha manifestado el propio Di Francesco en la rueda de prensa previa al partido, Liverpool y FC Barcelona comparten el mismo parecido que un huevo y una castaña.