Volumen bajo

La Premier League, o mejor dicho, el fútbol británico, mantiene viva una característica que no pierde ni en los encuentros más pesados, caso del derbi de Manchester acontecido ayer: su banda sonora. En las islas, la grada emite un sonido ambientecaracterístico que comienza a escucharse cuando algún jugador arranca, surge un espacio para correr o el equipo de casa se acerca al área para posteriormente producir un saque de esquina, momento en el que el ambiente torna en estallido. Es un sonido intransferible, que casi nadie logra silenciar porque casi nadie quiere que eso ocurra o casi nadie está en disposición de hacerlo. Entre los pocos de este grupo está Jose Mourinho, un entrenador que siempre ha entendido que en los partidos importantes ese sonido debe escucharse lo menos posible.
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En su visita al Etihad Stadium, sin Ibrahimovic ni Pogba, Mourinho planteó el clásico partido en el que reduce al máximo variables y espacios desde el principio hasta el final, mentalizando a sus jugadores de que no llegar a la portería contraria es algo con lo que deben convivir, ante lo que estar preparado. En esta ocasión, en su enésimo enfrentamiento con Guardiola, el portugués optó por un repliegue total; una defensa en campo propio razonada por la ausencia de espacios para Sané y Sterling, mucho tiempo para que Touré y Fernandinho pudieran pensar y grandes dosis de concentración y fijación sobre De Bruyne y Agüero, los más finos entre un mar de piernas. La idea, fijada en parte hacia su rival, tenía su correspondiente valor en clave United, dándole a De Gea contexto para brillar bajo palos si así era necesario, poder salir en largo hacia Fellaini y aprovechar los carriles largos con Martial, Mkhitaryan y Marcus Rashford.

En ese partido de mínimos, la primera parte estuvo más cerca de ver al City de Pep adelantarse. Con la salida de balón garantizada, ante un United de altura defensiva muy baja, los citizenencontraban posiciones exteriores con relativa facilidad y era el Kun Agüero el que agitaba sobre la frontal para crearse oportunidades con las que armar su pierna derecha. Con cierta superioridad sobre Daley Blind, el argentino supo subir el volumen a dicho ambiente, aunque sin acierto. Fue el único jugador al que el United no pudo contener del todo, pues a los hombres de banda y a los medios, el United pudo defenderlos de cara, rodeados y con una pierna de más. La tranquilidad para Guardiola estuvo también en la recuperación posterior. El bloque bajísimo de Mou le negó la segunda jugada, y la salida hacia Fellaini, siempre ganada por el belga, no tuvo balones en ventaja una vez contactaba de cabeza. El United no salió en toda la primera mitad, excepciones puntuales en las botas eléctricas de Martial.
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Lo de la segunda parte resume el éxito de Mou exprimiendo al máximo sus planes de mínimos, su capacidad para mutear los partidos. La circulación skyblue perdió agitación, se volvió aún más espesa y las ocasiones se sucedieron a cuentagotas. Sin los cracks para hacerse con el partido, el United confió su plan a la madurez defensiva de Ánder Herrera, incansable sobre De Bruyne. Sólo Gabriel Jesús, en el 91′, pareció romper con el silencio, pero fue una falsa alarma. No hubo lugar para el estruendo.